Hacía ya un año desde la última vez que apareció La Trampa en escena, la última vez que se habían presentado fue en el “Músicos unidos para un amigo” en el Palacio Peñarol. Desde allí, el alejamiento de Carlos Rafols del bajo, meses sin tocar, meses preparando el nuevo disco y ayer, el regreso.
El lugar, el boliche Sueños de la ciudad de Minas, el público entre quinientas y mil personas y la hora de comienzo del show, las dos menos diez de la mañana
Fue un show corto, se tocaron unos diecisiete temas nomás, cinco del Laberinto; “El poeta dice la verdad” (con el que abrieron), “Gajo de luz”, “Canciones al viento”, “Puente de estrellas” y “Las décimas”, ocho temas clásicos; “Muere con la sonrisa”, “Caída libre”, “Calaveras”, “Muerte serena”, “El oro y la maldad” (me gustó volver a escuchar este tema en vivo), “Las cruces”, “Mar de fondo” y el cierre a cargo de “Yo se quien soy”, infaltable en todo toque trampero.
La lista la completaron presentando cuatro temas nuevos; “Simple”, “Para el día después”, “Desencanto” y “Clavel del aire” y la pregunta previa era a qué sonarían estos temas, a otro Laberinto o la banda volvería a sus composiciones más clásicas. “Simple” Fue el que más me gusto, no me sonó a ningún tema anterior de La Trampa, no tiene estribillo, evidentemente desde donde estaba (primera línea, al lado del escenario) no me permitió escuchar la letra del tema, pero esa fue la sensación que me quedó y en parte acompaña lo que declaraba Garo, de que este disco nuevo no sonaría a nada de lo que hicieron antes. “Desencanto y “Clavel” me sonaron parecido a temas del resurrección, de La Trampa de antes y “Para el día…” no me gustó (aunque voy a esperar a escucharlo en cd obviamente). Como sea, pinta bien estos temas, aunque habrá que esperar unos días hasta que salga el disco (por cierto, no adelantaron como se llamará, algo que deberian haber hecho, ya que aparentemente sale dentro de poco)
Mención aparte la actuación de Diego Varela, ex La Tabaré y que en este toque debutaba como nuevo bajista de La Trampa. Estuvo bien, es alguien que toca hace muchos años y que sin duda no desentona en ninguna banda, me llamo la atención que sonriera todo el tiempo, algo “raro” en una banda como La Trampa, que tiene un perfil más oscuro.
El toque duró poco más que una hora, lo cual fue lo único malo de la noche, esperaba – sobretodo por ser un retorno- que se tocaran más temas. No hubo problemas técnicos, el sonido se cuidó pila, la gente acompaño los temas clásicos y escuchó los nuevos y el resto lo puso La Trampa, banda que da gusto volver a ver en los escenarios uruguayos.
Fotos, Cortesía de Rous (las cinco primeras) y Romina Acosta (la sexta)
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